viernes, 23 de septiembre de 2016

Vaso medio vacío

De nuevo ella se encontraba sentada a los pies de aquel viejo piano que tantos recuerdos trae a su cabeza haciéndolos pasar como una película ante sus ojos y, que de alguna manera, hace que sus ojos se inunden de lágrimas a cada segundo que pasa.
Se levanta y destapa la polvorienta tapa que cubría las teclas, teclas que alguna vez tuvieron vida y que ahora ansiaban el tacto de las cálidas manos de alguien.
Se sienta lentamente y rebusca en su mente alguna partitura que tocar, otro recuerdo más, coloca sus manos delicadamente sobre las teclas y las pulsa cerrando los ojos y disfrutando del dulce sonido de aquellas teclas que estaría tocando estación tras estación.
Cada tecla que toca, cada acorde cobrando vida, la casa parecía renacer al oír tal melodía, recordando los buenos momentos, los malos y quizás, los divertidos.
Comienzan a caer gotas por cada tecla que toca, terminando el recorrido desde su mejilla hasta aquel viejo piano, que de nuevo, recuerda por qué ya una vez lo dejó de tocar, ella, vacía y sin sentimientos, mejor está.

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